El Voluntariado en El Tabernáculo de David

• El voluntariado es una forma de participación en la vida social, al mismo tiempo, una expresión de la solidaridad que anida en toda persona. Por eso ha existido siempre. Hoy en día es un fenómeno cultural, social y eclesial de nuevas e insospechadas dimensiones. Son muchos los grupos y asociaciones que promueven y ejercen, muy variados los servicios que prestan y los parámetros donde operan, plurales los estilos de acción, las motivaciones que los sustentan y los significados a los que remiten.

• En cuanto signo, remite al espíritu de gratuidad y de solidaridad en favor de personas y colectivos que viven en la necesidad, en la adversidad y en la exclusión. Es, por tanto, un indicador elocuente de la capacidad humana dar tiempo y de darse, de entregar los propios recursos y energías más allá de las ocupaciones profesionales y familiares, y de asociarse para hacer el bien y transformar la sociedad. Al mismo tiempo, el voluntariado representa una saludable reacción a la sociedad paradójica en que vivimos; en ella las desigualdades, la exclusión y la marginación contrastan poderosamente con la capacidad de generar recursos suficientes para todos. El voluntariado apuesta por la solidaridad frente al egoísmo, por los valores cualitativos frente al ansia de tener y poseer, por la gratuidad frente al interés, por la justicia frente a las injusticias individuales y estructurales.

•  «No he venido para ser servido, sino para servir» (Mt 20,28)

En esta manifestación de Cristo, desgranada en múltiples gestos, se revela la fuente de todo voluntariado cristiano. En Cristo, el voluntario descubre ante todo su vocación cristiana, que consiste en revestirse de sus mismos sentimientos y actitudes (Flp 2,5) y configurar la propia existencia de acuerdo con el dinamismo del amor: « En esto conocerán todos que sois mis discípulos » (Jn 13, 35). El cristiano es alguien que cree en el amor de Aquel que nos amó primero (1Jn 4, 16.19), y en ese amor encuentra la razón última de su vida y de sus opciones.

•  En esa fuente se inspiran quienes conciben y orientan su vida como servicio: Dar gratis lo recibido gratis ; orientación que en unos se plasma en una vida entera de voluntariado, en otros impregna el ejercicio de su actividad profesional, y en otros, finalmente, se traduce en una opción de voluntariado compatible con otras ocupaciones. En todos ellos dicha inspiración está llamada a suscitar, además, una particular sintonía con la misión de Cristo: ser testigos del Padre de la misericordia, anunciar el Evangelio fuente de liberación, contribuir a la edificación de la Iglesia y promover una sociedad más acorde al designio de Dios revelado en Cristo: Que todos sean uno como nosotros somos uno (Jn 17,11).

•  Por consiguiente, el voluntariado cristiano no es una nueva profesión, sino más bien la respuesta a una llamada que, además de impulsar a hacer el bien mediante gestos solidarios, reclama una actitud de vida coherente en todos sus órdenes. De este modo, quienes ejercen esa forma de caridad se van liberando de los riesgos no infrecuentes en el voluntariado, como es la búsqueda de gratificaciones, la pretensión de lavar la propia conciencia, el paternalismo, etc.

•  El voluntario cristiano que actúa en ese mundo se sabe partícipe de la misma misión de Cristo, que vino a asumir la causa del hombre entero, a ofrecerle una nueva calidad de existencia, a revelarle los nuevos horizontes de la esperanza, a ser mediación del amor infinito del Padre, a reconciliarlo con sus propios límites.

• En razón de su condición de voluntario y de cristiano, quien escoge servir así ha de dejarse guiar por el «sentido evangélico de la urgencia», dando prioridad a los sectores más desasistidos, privilegiando la dimensión humanizadora y evangelizadora de la Iglesia en el mundo de la pobreza, la marginación y la exclusión, y optando por problemas socialmente críticos, sin descuidar, obviamente, los pequeños gestos diarios, humildes y callados

• Comunidad de voluntarios, voluntarios en la comunidad

-Ante todo es preciso reconocer y discernir el valor evangélico y social del voluntariado, como signo de los tiempos, con sus luces y sombras

-El voluntariado ha de ser siempre expresión de la comunidad, destinatario del mandato del Señor y, al mismo tiempo, de los dones que el Espíritu distribuye para edificación común (1Co 12,4; 14,13).

-Toda comunidad está llamada a promover hoy el voluntariado cristiano, como signo y cauce de la fe que la congrega y de su misión evangelizadora. Se ha de favorecer, pues, la constitución de grupos de voluntariado allí donde todavía no existen.

-El voluntariado cristiano necesita una formación adecuada y un apoyo sostenido. Por ello, es preciso que el voluntariado sea asumido por la comunidad, esté dotado de una organización eficaz y cuente con animadores idóneos.

-Por ser una expresión de la Iglesia al servicio de un único Evangelio, es también urgente favorecer la inserción de los grupos de voluntarios dentro de la Iglesia local y potenciar la colaboración entre ellos, al fin de evitar duplicidades y una pérdida evidente de eficacia evangelizadora .

-Es también, por tanto, preciso ahondar en la identidad del voluntario cristiano tan pena de desembocar en una peligrosa indiferenciación, y, al mismo tiempo, preparar rápidamente a quienes, desde su condición de voluntarios, son enviados a servir.

El voluntariado cristiano es como una tierra rica en semillas, que hemos ayudado a fructificar con empeño. Pedimos al Señor que el Día del Enfermo mar vivido como una oportunidad propicia para dar vida a nuevas iniciativas, grandes y pequeñas, que contribuyan a la «nueva evangelización»