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Alabanza

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Alabanza

El hombre fue hecho para la gloria y alabanza de Dios. En el libro de los Salmos encontramos la enseñanza de que "todo lo que respire alabe a Jehová". Uno de los motivos de la adoración pública de los creyentes en Jesucristo es para alabar con cánticos el nombre del Señor.

El apóstol Pablo nos enseña en sus epístolas que los creyentes debemos alabar a nuestro glorioso Salvador. En Efesios 4:19 leemos: "Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones". Sin embargo, la experiencia nos enseña que es muy fácil para el ser humano caer en un puro ritualismo donde los cánticos se vuelven algo vago, sin sentido, sólo como un mero formalismo litúrgico.

El Salmo 146 al igual que otras escrituras de la Biblia nos da una clara enseñanza de cuál debe ser nuestra actitud y objetivo cuando alabamos a nuestro glorioso Salvador.

La palabra "alabanza" viene del término hebreo "hallal" que tiene el sentido de hablar bien de una persona como en el caso de Sara y Absalom que eran alabados por su belleza física. El término alabar, entonces, significa ensalzar con cánticos el nombre glorioso de nuestro Dios. Del término "hallal" viene la preciosa palabra "Aleluya" que significa "alabar a Jehová".

El Tabernáculo De David

En el Antiguo Testamento David descubrió que Dios habita en las alabanzas de Israel, es decir, que la misma presencia de Dios mora entre las alabanzas de Su pueblo (Sal. 22:3).

En Hechos 15:15-18, Jacobo dio a entender que lo que el Señor estaba haciendo en la Iglesia de los Hechos fue reedificar el Tabernáculo de David.  Él dice:

"Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después  de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos."

Por lo tanto, la Iglesia debe conformarse al patrón que se ve en el Tabernáculo de David.  David fue un hombre conforme al corazón de Dios.  Su vida y su mensaje profético en los Salmos nos muestran que la morada del Señor, o sea, Su Tabernáculo, consiste en todos los creyentes que han entrado en una relación de amor con Cristo, relación basada en una vida recta y expresada por medio de oración y alabanza.

 El Señor está reedificando, reparando y levantando vidas, para con ellas edificar Su morada.  Todos aquellos que invoquen el nombre de Jehová serán salvos y recibirán liberación de sus ataduras al pecado.

 El Padre está buscando adoradores que le adoren en Espíritu y en verdad (Jn. 4:23).  Por tanto, (1 Pe. 2:5; Heb. 13:15).  

Alabanza es la acción de glorificar a Dios y Bendecirlo, El Señor Jesucristo en su ministerio sobre la tierra nos da la estructura de la alabanza   estableciendo su vida como fundamento de la alabanza, porque El es la máxima expresión de amor del Padre (Juan 3:16). Solo hay un camino para llegar a Dios y este camino no es la música. (Juan 14:6), El camino es Jesucristo porque el desciende con su gloria en medio de la congregación para que juntamente con sus hermanos continuar dándole alabanzas al Padre (Hebreos 2:11)

 La alabanza resulta con toda naturalidad hacia Dios como agradecimiento y como bendición por los beneficios recibidos, (Salmos 28:7; 40:3; 95:1, 2; 149:1-3; 150), y la acción que se debe tomar al estar alegre (Santiago 5:13).   La alabanza y la acción de gracias suscitan las mismas manifestaciones exteriores de gozo, sobre todo en las reuniones del culto y donde los adoradores rinden una y otra vez gloria a Dios (Salmos 35:18; Ezequiel 3:11) La alabanza tiende más a la persona de Dios que a sus dones; está muy cercana de la adoración, en la vía del éxtasis. En los himnos de alabanza se canta a Dios porque es Dios. (Lucas 17:15-18; Hechos 11:18; Filipenses 1:11; Efesios 1:6, 12).

La estructura de la Alabanza es el amor, y el amor es Jesucristo. (Juan 3:16). Jesucristo es la escala musical que nos lleva a adorar al Padre. El todo de Jesús en la tierra fue su Padre Jehová. Dice la Escritura: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el hijo igualmente”. (Juan 5:19), por eso Jesucristo debe de ser el fundamento de la Alabanza, porque Él es:

 -          Ritmo (cuerpo).

-          Armonía (alma).

-          Melodía (espíritu).

 LA VERDADERA ALABANZA QUE AGRADA A DIOS

 Solo quiero detallar algunos aspectos de cómo Dios quiere que sea nuestra alabanza:

 1.    Una verdadera alabanza invoca el nombre de Dios (16: 8).

 2.  Busaca traer su presencia, buscar su rostro, su poder continuamente (no solo los domingos). (16: 11).

 3.    Debe ser con un corazón alegre, agradecido con Dios. (16: 10).

 4.  Recordar las maravillas que ha hecho en nuestras vidas, sus prodigios y milagros. (16: 12)

 5.   Recordar sus promesas, aún reclamar esas promesas. (16: 13-18).

 6.    Recordar su poderosa salvación, de donde nos sacó, como nos liberó, su protección. (16:19-22).

 7.    Para dar a conocer sus obras a las naciones y pueblos, anunciar sus maravillas, proclamar de día en día su salvación. (16: 9; 23-24).

8.     Cantarle a Él con Salmos. (16: 9)

 9.     Porque es digno de suprema alabanza. (16: 25).

 10.  Exaltar su grandeza, poder, gloria debida a su Nombre. Él es nuestro Dios. (16: 25-29).

 11.  En santidad postrados ante Él (con corazón humilde). (16: 29).

 12.  Aún su creación le alaba, tanto más nosotros (de lo cual ninguno tiene excusas). (16: 30-33).

 13.  Le alabamos porque Él es bueno y su misericordia es eterna, para siempre. (16: 34).

 14.  Porque vendrá a juzgar a las naciones. Él vendrá con poder. (16: 33).

 15.  Nos librará de las naciones trayendo gran salvación. (16: 35).

 La verdadera alabanza debe ser continua, nuestra vida debe ser un canto de alabanza a nuestro Dios.

Pensemos en cómo es nuestra alabanza, Dios nos da mucho en que pensar y debemos hacer ajustes en nuestras vidas para que nuestras alabanzas lleguen a la presencia de Dios en olor fragante.

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